Buscar este blog

viernes, 16 de agosto de 2013

Restos de un hogar neandertal en la Cueva de Foradà de Oliva (Valencia)

Cenizas y carbones asociados a restos de fauna nos aportan nuevos datos acerca de la dieta de los neandertales en la Península Ibérica.

“El equipo de arqueología liderado por José Aparicio, que está realizando excavaciones en la Cova Foradà de Oliva, ha descubierto estos días un hogar de casi 100.000 años a diez metros de profundidad. En este espacio, que ocupa una superficie de dos metros cuadrados, los neandertales encendían el fuego y asaban la carne para, posteriormente, comérsela. Esta hoguera permanente, según explicó Aparicio, se caracteriza por su «extensión y potencia».

Los especialistas han detectado una gruesa superficie de cenizas muy compactadas, «comprimidas por los miles de toneladas de sedimentos encima de la capa 48, que es donde se ha localizado». Junto a las cenizas y carbones se han podido observar numerosos huesos de animales, residuo de los alimentos cárnicos consumidos por las familias a la vera del lar. «Han salido a la luz osamentas partidas para aprovechar los restos grasos del interior de los huesos».

Los restos de lepóridos, conejos esencialmente, constituyen el mayor volumen de los huesos acumulados, junto a restos de cérvidos, cápridos, équidos, probablemente bóvidos, y fauna actualmente extinta en el territorio. Por todo ello, según comentó Aparició, es evidente que en el hogar se asaba la carne, haciéndola más sabrosa y digestiva.
(…) El equipo de arqueólogos ha comenzado a sospechar, tras analizar minuciosamente los restos de los huesos aparecidos en el hogar, que se pudo practicar algún procedimiento de ahumado para la conservación de la carne.

«En todo caso el fuego pudo servir para calentarse en los meses invernales, para facilitar la talla de instrumentos líticos, y por supuesto, para ahuyentar a los depredadores», argumentó Aparicio, quien agregó que ha quedado muy claro que los neandertales domesticaban el fuego. Los expertos se refieren con esta expresión a la posibilidad de producir llamas a voluntad. «Es un hito singular en el proceso evolutivo de la humanidad, que facilitó la vida enormemente», reconoce el arqueólogo.Por la profundidad a que se encuentra este fogón, alejado del Paleolítico Superior y en pleno nivel Musteriense, se le ha asignado una antigüedad cercana a los 100.000 años (…).



Conchi Torres y Marta Bravo

No hay comentarios:

Publicar un comentario